Un equipo chico de Buenos Aires que trabaja con dueños de pymes y profesionales independientes para ordenar cómo se accede a las cuentas que sostienen su operación diaria.
Empezamos resolviendo un problema concreto: la mayoría de las empresas pequeñas no tiene un área de sistemas, pero sí tiene correo corporativo, home banking, facturación electrónica, un sistema de gestión y varias herramientas en la nube. Cada una con su propia contraseña, su propio dueño informal y su propia forma de recuperación. Cuando algo se pierde, se filtra o alguien se va sin dejar registro, el impacto llega directo a la caja.
Nuestra mirada viene del principio de mínimo acceso: cada persona debería poder entrar solo a lo que necesita para su tarea, con un segundo factor que confirme su identidad y con un registro claro de quién hizo qué. No vendemos herramientas por moda. Preferimos revisar primero qué cuentas existen, quién las usa y qué pasaría si una quedara expuesta, antes de proponer cualquier cambio.
Trabajamos con lenguaje llano. Explicamos MFA, gestores de contraseñas, copias de seguridad y control de accesos sin tecnicismos innecesarios, porque la decisión final la toma el dueño o la persona a cargo, no un especialista. Nuestro tono es directo y sin alarmismo: la seguridad digital se sostiene con rutinas simples y constantes, no con discursos grandilocuentes.